Llerena inicia un verano más la acogida de jóvenes saharauis

Llerena inicia un verano más la acogida de jóvenes saharauis

La Asociación del Pueblo Saharaui de Llerena hace posible que este proyecto funcione año tras año en la localidad

Manuel Toro
MANUEL TORO

Un año más y un verano más, Llerena vuelve a acoger a varios jóvenes procedentes del Sáhara. Husein, Fatimetu, Sidi y Ayla llegaron el pasado 28 de junio y pasarán los dos próximos meses -hasta el 28 de agosto – en nuestra localidad del sur de Extremadura.

«Es mi segundo año» nos cuenta Sidi, al que le encantan «las ferias de los pueblos de verano». «Se recorre todos los municipios de la Campiña Sur», nos cuentan en la asociación entre amables risas. Estos viajes y experiencias son nuevas para ellos, y no serían posibles sin la ayuda, generosidad y humanidad de los vecinos que les tienden la mano.

Patricia Tena Ruíz es presidenta de la Asociación del Pueblo Saharaui de Llerena y una de las primeras en prestarse a la acogida. «Esto se hace sobre un proyecto que se llama Vacaciones en Paz y para solicitar la acogida se entrega una documentación muy sencilla que no tiene gran complejidad» nos explica sobre el proceso de acogida, agilizado a través de una federación que presenta el proyecto en la Junta para ponerse en contacto con los campamentos Saharauis y el Rabuni – el centro administrativo el lugar –.

Para que un saharaui pueda venir, tiene que estar escolarizado en los colegios de los campamentos y hasta que Federación no tengan la seguridad de que van a venir, no los solicitan, los cuales tienen un número determinado de familias de acogida. «Hay niños repetidores que los reclamamos para que vengan y luego un número de familias nuevas. Todo esto se traslada a los campamentos, ven la cantidad de niños que tienen para salir y empiezan a escoger». Tal y como detallan, todo esto antes era distinto porque se asignaban desde España, lo que se ha traducido en más agilidad y rapidez: «antes de que vengan ya tienes al joven asignado. En años anteriores esperábamos muchísimo más tiempo».

El proceso no es nada complicado. Concretamente, la Asociación del Pueblo Saharaui de Llerena comenzó en mayo, pero recomiendan que cuanto antes se comunique la voluntad de acogida, mejor. En abril o mayo comienzas a contar tu experiencia para que las familias puedan aceptar y cuanto más te involucres, más tiempo tendrás para convencerles. «Lo mejor es contactar con nosotros cuantos antes» sentencian.

La familia juega un papel fundamental, y son ellos quienes tienen la última palabra. «El primer año el desconocimiento por parte de la familia biológica del dónde y el quién es lo más normal. Algunas tienen la seguridad de haber vivido experiencias con otros familiares o sus propios hijos y otras con la desconfianza de no saber cómo estará su hijo», algo que puede unirse a la adaptación del muchacho o muchacha al llegar a España, que se palia con las llamadas telefónicas con la familia.

Patricia comenta que cuando tenía 9 años, su madre acogió a una niña, luego tuvieron un parón y después comenzaron con Mafú, integrado en un programa totalmente distinto al de Vacaciones en Paz, ya que va al desierto en verano y vuelve en invierno.

«El primer año suele ser un poco más difícil con el tema de la adaptación de los niños a nuestra familia, la cultura, el lenguaje, etc. A los quince o veinte días todo va fluyendo mejor. La piscina, los amigos… para ellos nuestro tipo de vida es un descubrimiento y para nosotros el ver sus caras de felicidad, también. Puedes encontrarte con experiencias de todo tipo, pero en general son muy positivas» concluye la presidenta de la asociación, aunque eso sí, «el primer año suele ser un poquito más complicado» prestándose a contar la anécdota de que Mafú se caía de la cama constantemente y que ellos le ponían una tabla, ya que en los campamentos suelen dormir en una alfombra y se mueven mucho.

«Hay experiencias donde tienes que explicar a los pequeños que se tienen que ir, y otras en las que lo aceptan, les da mucha pena irse, pero, obviamente echan de menos a sus familias», momento en el que se intenta equipar a los jóvenes todo tipo de cosas para que lleven de vuelva: «imagínate la alegría», nos transmite Patricia. «La llegada de los niños a sus casas tras dos meses fuera, con un montón de útiles, para ellos es increíble, aunque cuando pasa una semana ya les notas en sus vocecillas que el tono les cambia, porque hay que recordar que allí sigue haciendo mucho calor hasta octubre». El inconveniente de las altas temperaturas es un aliciente para que vengan a nuestro país, ya que así evitan el caluroso verano en el desierto.

Pero antes de que llegue ese momento les queda todo un verano que disfrutar por delante con excursiones, viajes a ciudades, playas, o incluso a parques de atracciones - seguro que más de uno repite o va por primera vez a Isla Mágica como nos comentaban -. También realizan actividades conjuntas con Federación, encuentros entre todos los jóvenes acogidos de Extremadura. Y un apunte más: este año, durante la fiesta de los colores del próximo día 13 de agosto el dinero recaudado en la barra irá a parar a la Asociación del Pueblo Saharaui de Llerena-

En datos, la edad tope con la que ya dejan de venir son los 12 años. Cuando comenzó la crisis el número de saharauis disminuyó. Hace 20 años llegaban a venir hasta 450 jóvenes a Extremadura – en Andalucía, por ejemplo, con muchas más provincias se situaban en 850-. Ahora son 124, un poco más que en 2018.