El mercado laboral extremeño es el menos castigado del país por el virus
La crisis ha afectado al 21% de los afiliados a la Seguridad Social en la región, una tasa que las comunidades más turísticas duplican
Extremadura es la comunidad autónoma española menos castigada por el coronavirus desde el punto de vista laboral. La crisis económica consecuencia de la sanitaria ha ... afectado al 21,3% de los afiliados a la Seguridad Social que había a finales de febrero, es decir, cuando la COVID-19 aún no había dado la cara. Ese porcentaje es el más bajo del país. Está casi seis puntos por debajo de la media nacional y lo duplican las regiones que más están acusando el golpe, que son aquellas cuyas cuentas dependen en mayor medida del turismo, según un estudio realizado por el IVIE (Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas).
Ese 21,3% de afectados incluye no solo a los nuevos parados, sino también a los trabajadores inmersos en expedientes de regulación temporal de empleo y a los autónomos que han solicitado cobrar prestaciones extraordinarias al cesar su actividad. Incluir a estos grupos implica que estas cifras se ajustan a la realidad más que el dato del paro, que no tiene en cuenta ni a los empleados bajo ERTE ni a los autónomos que han pedido subvenciones al quedarse sin clientes, según explican los autores del estudio. Son dos profesores de la Universidad de Valencia (Lorenzo Serrano y Ángel Soler) y un exprofesor de este mismo centro y técnico del IVIE (Fernando Pascual). «De hecho –amplían los expertos–, los colectivos que a efectos oficiales no se cuentan en el paro registrado son más incluso que los que se computan como parados». Es decir, hay más gente laboralmente afectada por la pandemia fuera del dato oficial de paro que dentro de él.
La comunidad se beneficia del peso que tiene sobre su economía el sector público, en el que no ha habido ERTE ni despidos
Las cifras que ellos han recopilado y tratado muestran que la pandemia no está afectando por igual a todas las regiones, por las diferencias entre sus economías. Baleares, Canarias, Valencia y Andalucía (con tasas superiores al 40% en el caso de las islas y cercanas al 30% en las otras dos) son las que más están sufriendo, por su mayor dependencia del turismo, un sector reducido casi a cero por el estado de alarma que desde el 15 de marzo limita la movilidad ciudadana.
Extremadura recibe en menor medida el impacto del coronavirus debido al mayor peso del sector público, en el que no ha habido ERTE ni despidos, y de la agricultura y la ganadería, en las que apenas ha cesado la actividad porque la materia prima con la que trabajan son seres vivos que no se pueden abandonar y siguen requiriendo atenciones diarias.
Agricultura y ganadería
De hecho, la agricultura y la ganadería conforman el sector en el que menos bajó la afiliación entre el 30 de abril de 2019 y el mismo día de este año. Por contra, donde más cayó fue, por este orden, en la hostelería, las actividades recreativas y de entretenimiento, la construcción y las actividades administrativas y de servicios auxiliares. Además, el empleo ha aumentado en las actividades sanitarias y de servicios sociales, que en Extremadura alcanza más importancia que en otras regiones al tener una población más envejecida.
Que el coronavirus esté castigando más en el ámbito laboral a unas regiones que a otras se explica por las diferencias entre las economías pero también por otros factores. «Hay que añadir –argumenta la investigación– un elemento adicional, que es la diferente intensidad de los problemas sanitarios de cada territorio, y también las distintas velocidades o fases en las que cada región abandonará el confinamiento». «Ese proceso gradual de desescalada –amplían– tiene implicaciones diferentes según el tipo de empresa, la actividad y las características de los empleos».
Según los especialistas de la Universidad de Valencia y el IVIE, «la pronta recuperación de la economía y del empleo, una vez superada la crisis sanitaria, pasa necesariamente por el apoyo a las empresas y los autónomos». No obstante, advierten que «sería ingenuo pensar que todos los puestos de trabajo previos a la crisis van a seguir existiendo cuando esta concluya, porque una parte del tejido productivo no sobrevivirá».
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